"Las tres noticias aparecieron en la portada del principal diario de España en el mismo día, 8 de enero de 2013. La primera informaba que el número de desempleados en el país trepó a 6,1 millones de personas, un 26,6 por ciento, y decía que España lidera todos los registros negativos sobre el mercado laboral europeo. El 56,5 % los menores de 25 años no tienen trabajo en España, agregaba el informe.
La segunda noticia decía que más de 300 responsables médicos de la atención primaria de Madrid elevarán sus renuncias en protesta con las políticas de privatización de la salud, una medida que el gobierno, según informó, adoptó para achicar el déficit.
La tercera noticia era diferente. Informaba que Madrid presentó ante el Comité Olímpico Internacional (COI) la carpeta final de su postulación para ganar la sede de los Juegos de Verano de 2020. ¿El costo del proyecto? 4.000 millones de euros.
Roma también aspiraba a competir con Madrid por la sede de los Juegos Olímpicos de 2020, que será votada el 7 de setiembre próximo en Buenos Aires. Pero el ahora renunciado premier Mario Monti consideró que la crisis económica era prioritaria y que el Estado italiano no podía afrontar un presupuesto incierto y que, se sabe, siempre se multiplica a la hora de las cuentas finales.
Madrid informó en su presentación definitiva que la organización de los Juegos, lejos de aumentar el déficit, dejará ingresos de 2.400 millones y creará más de 320.000 empleos. Madrid recordó, además, que ya tiene el 80 por ciento de las obras que se precisan para la competencia. Eso sí, la carpeta revela que el pequeño 20 por ciento que queda implicará un costo de 1.444 millones de euros.
"No existe una inversión más rentable y agradecida", afirmó Alejandro Blanco, presidente del Comité Olímpico Español (COE). Al ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, le recordaron que buena parte de la crisis griega comenzó con los enormes gastos que provocaron los Juegos Olímpicos que Atenas celebró en 2004. "El ejemplo a seguir -respondió Wert- no es Atenas 2004, sino Londres 2012".
En el Congreso de setiembre próximo en Buenos Aires, el COI, además de elegir la sede de los Juegos de 2020, deberá votar también nuevo presidente, pues finaliza el mandato del belga Jacques Rogge.
Es, después de la presidencia de la FIFA, donde Joseph Blatter tiene su abono, el trono más poderoso en el deporte mundial. El alemán Thomas Bach, oro en esgrima en los Juegos de Montreal 76, es el gran candidato desde hace tiempo, pero no se descarta la apertura hacia un voto femenino (se menciona a la marroquí Nawal El Moutawakel, primera africana ganadora del oro olímpico en Los Angeles 84) o hacia el dinero de Asia (hay dos candidatos: el taiwanés Wu Ching-kwo de la Asociación Internacional de Boxeo Amateur, AIBA, y el chino Ng Ser Miang, diplomático y empresario de medios y de transporte en Singapur). Sea quien fuere, se aguarda la continuidad de una línea más democrática, como la que impulsó Rogge, y menos personalista que la del español Juan Antonio Samaranch, su predecesor. Por eso, la votación más importante que celebrará la Asamblea porteña del COI será la sede olímpica de 2020.
De caída en caída
Madrid viene de ser derrotada en todas sus últimas presentaciones, primero por Londres y luego por Río de Janeiro, sede de los próximos Juegos de 2016, en una votación sorpresiva, que dejó en el camino a la Chicago de Barack Obama y que marcará el debut de Sudamérica como sede olímpica.
Una de las causas de la derrota de Madrid, dijeron entonces los especialistas, fue la pobre política antidoping de España, sospechada de tapar casos de algunas de sus estrellas más importantes. ¿Cambió en algo la situación? En diciembre pasado, el COI suspendió por tres meses al laboratorio antidoping de Madrid, una sanción inédita, que no le hace gran favor justamente a la postulación.
Casi al mismo tiempo, el Tribunal Supremo de España dio razón al reclamo de un ciclista sancionado por doping (Roberto Heras) y la justicia ordinaria impuso así sus criterios ante los reglamentos deportivos. Otro golpe que jamás aceptaría el COI.
Lejos de asustarse, el actual gobierno español decidió relanzar a Madrid para la votación del 7 de setiembre, de la que también participarán Tokio, considerada la favorita, y Estambul.
Los Juegos ahora idealizados de Londres 2012 terminaron costando en realidad 11.600 millones de euros, mucho más que el presupuesto original. Pero Gran Bretaña lo celebró como un éxito, sus atletas ganaron medallas, la gente llenó estadios y festejó en las calles y el gobierno conservador de David Cameron tomó algo de aire en medio de la crisis.
Los Juegos significaron un primer gran trampolín a la escena nacional para el erudito alcalde de Londres, el también conservador Boris Johnson. Y marcaron además el lanzamiento del ex atleta Lord Sebastian Coe, organizador de las pruebas, a la dirigencia internacional del deporte, primero acaso a la Federación de Atletismo y en 2025, quién sabe, al trono mayor del Comité Olímpico Internacional (COI). Sucede que los Juegos, igual que un Mundial de fútbol, son mucho más que una mera competencia deportiva.
"Veo cómo disfrutaron los políticos los Juegos de Londres -ironizó Lord Colin Moynihan, remero de Oxford en los Juegos de Moscú 80 y ex ministro de Deportes de Margaret Thatcher- y puedo entender por qué los emperadores romanos querían que los Juegos fueran anuales".
El COI sabe que eso sería una exageración, que las presiones políticas y económicas por cada sede se harían insoportables. Y que, entonces, cuatro años sigue siendo el ciclo correcto. Buenos Aires será testigo en diciembre.